domingo, 9 de abril de 2017

Perro no come perro.





Atentos a la imagen. Un fontanero va a tu casa porque, no sé, la cisterna de tu váter pierde agua desde el principio y no has sido capaz de arreglarlo. Se mete en el cuarto de baño, se rasca el mentón, te mira con esos ojos llenos de sabiduría ancestral y te dice:




―Madre mía lo que le han hecho. ¿Seguro que fue un fontanero?


Es un ejemplo, ¿vale? Un profesional que juzga el trabajo de otro porque sí, porque le parece bien como elemento de autoafirmarse criticar a un igual. Pues entre escritores se da mucho. El otro día, en estas redes sociales de Dios, alguien puso un extracto de la última novela de Pérez-Reverte y se abrió la veda. Cachondeo a tope, gracietas y valoraciones sobre la calidad literaria del escritor. Jajajajajajaja. Y pongo a Pérez-Reverte porque tiene el agravante de personaje per se. Es una diana perfecta.




En ese momento no le di importancia. Pero pasó el tiempo y empezó esa molestia interna, ese calentón silencioso que me entra de vez en cuando con razón, o no. Arturo Pérez-Reverte es miembro de la Real Academia de la Lengua desde hace más de diez años (la letra T si no me equivoco); y creo que ha demostrado del derecho y del revés que escribe bien. ¡Ojo! No dio que te guste o no. Sino que escribe bien. Lo justo para ser un autor reconocido y, repito, ostentar una letra en la Academia de la Lengua. Y me dio coraje la burla que se le hizo. No porque me guste más o menos este hombre, sino porque, ¡joder! es que el extracto no estaba mal escrito. Además de que la valoración no se hacia desde el punto de vista de un lector sino como escritores. Pero había que reírse y, sobre todo, quedar por encima. Y he escogido a Pérez-Reverte por no irme a lo fácil y escoger cualquiera de mis novelas o de las de otros. ¡Qué risas íbamos a echarnos!




Vamos anda. Perro no come perro. Es un dicho muy habitual que denota cierto corporativismo pero que acompaña una manera de comportarse. Yo, como escritor, no tengo razones para valorar la prosa de forma destructiva de otro "compañero" porque mi faceta de autor me lo impide. El como la imagen del fontanero que se frota el mentón y te dice que lo que ha hecho su compañero es una mierda y que él lo hace mejor. 




Para criticar a otro escritor en público debería escribir mejor que él y poder demostrarlo. Así pienso yo. No puedo decir que una novela es una mierda y quedarme tan pancho. Lo puedo pensar, puedo comentarlo de forma privada si se me pregunta; pero ¿darme el golpe de pecho y atacar una obra para reafirmar mi propio ego? No está bonito, como diría mi mujer.




Y pasa, y probablemente yo lo haya hecho. Porque soy muy guay a veces y te vienes arriba, porque crees que lo sabes todo y en realidad sólo estoy rascando la puntita del iceberg de la escritura. Porque desechar una obra o un autor es signo de modernidad y esnobismo. Porque nos coloca en un altar moral en el que se está muy bien. Desde la altura los escupitajos no llegan fácilmente.




¿Entonces un escritor no puede opinar? Claro que sí. Igual que todos. Pero hablamos de profesionalidad, de dominio de las herramientas y de la crítica constructiva. No de las sobradas ni del altar. Porque del escrutinio de bisturí y diccionario en la mano no se salva casi nadie. Yo creo que me estoy explicando. Como lector tengo mis manías, mis filias y mis fobias inexplicables, pero como escritor sólo me permito hablar de lo que me gusta. No gano nada destrozando una novela o a un escritor que tal vez lo haga mejor de lo que yo lo hago. Porque es muy fácil sacar la lupa y analizar un trabajo desde fuera y pasar por alto los fallos propios. 




Perro no come perro.

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