viernes, 31 de marzo de 2017

A vueltas con las antologías.




Acaba de salir a la venta la antología "Aquel extraño hombre alto" de la editorial Palabras de Agua. Ahí, a cuatro manos con Juan de Dios Garduño, está colocado un relato mío. Es una muesca más en el revólver que uso para las antologías. Una alegría literaria porque el concepto mola y los autores que participan son, casi todos, conocidos y amiguetes Esa es una de las gracias de las antologías. Esas que muchos llaman compendios de amiguismo, reunión de escritores "del facebook" -me maravilla esa expresión porque denota autores que están y que no están- o inventos saca cuartos de las editoriales para sacar pasta de los familiares y amigos de los escritores. Todo muy positivo, ¿verdad? Normalmente eso se dice desde la barrera del que no tiene mucha idea o ha sido rechazado en más ocasiones de las debidas.

Las antologías parecen no ser tomadas en serio salvo por los autores, y no siempre, por las editoriales. Suelen funcionar moderadamente bien si se promocionan y los autores suenan a los lectores. No es lo mismo un Bueso o un Sisí que un Gómez Menéndez o un Drizzt Taragaryen, la verdad (y puede parecer injusto, y lo será, pero es así). El tema debe tener pegada  y el acabado debe ser profesional. Justo como en una novela pero con más gente involucrada y más quebraderos de cabeza.

Yo he dejado de aparecer en antologías salvo cuando me lo pide un amigo o me mola un huevo el tema que trata. El resto es un "no, gracias. Muchas gracias por pensar en mí". ¿Por qué? Muchos, tú también, podéis pensar que soy un desagradable o un snob. Que me lo tengo creído. Puede ser. Pero también puedo decir que participar en una antología es una experiencia que va desde lo mejor al coñazo y la frustración más absoluta. Y nunca he sido coordinador de la misma ni editor. Eso tiene que ser la muerte a pellizcos.

No participo en más porque considero que estoy mayor para mareos y porque hay otros autores que merecen el sitio más que yo. Publicar en antologías te abre puertas y te eleva el ego. Eso es un hecho. Pero es fácil caer en convocatorias donde se pierde el tiempo y el trabajo de mucha gente porque, o no se tienen las cosas claras o el sombrero de editor no es de la talla de todo el mundo. Y cansa, y frustra. Y no es por dinero porque en el mundo de las antologías el autor no se lleva normalmente un duro. ¡ES BASTANTE PAGO EL HABER SIDO PUBLICADO! Eso se lee mucho.

El sistema es así y ole los cojones de los que se arriesgan a sacar una antología que apenas se va a vender. Yo hablo como autor, como el autor egoísta que soy, simplemente. Pero cuento la batalla como me va. He participado en muchas y con muchas editoriales diferentes y el trato ha sido siempre muy bueno. Agradecido y emocionado, como se suele decir. La parte oscura, amarga y desconocida es la de todos esos proyectos con plazos y prisas que se quedan en el limbo porque editar no es tan fácil como parece o después de todo no es rentable sacar un libro de relatos al mercado. Pero ofrecer ilusión con toda la buena intención del mundo sigue saliendo gratis. 

Y ojo, amable lector, esto es un post personal. Las antologías molan, curten y desfogan. He leído cosas brutales en antologías. He descubierto a escritores geniales gracias al hueco de pocas páginas que proporciona una antología. Si ves un libro de cuentos de autores españoles seguro que valdrá la pena. Pero no todo el monte es orégano. 

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