domingo, 20 de noviembre de 2016

El que no está no existe



El otro día me preguntaron que qué me pasaba, si había dejado de escribir, que hacía mucho tiempo que no sacaba nada nuevo.

Mi última novela salió en abril, escribo esto en diciembre, y algún relato he publicado en antologías mientras tanto. Pero no cuenta, no estoy, no existo.

Abandonar las redes sociales me ha convertido en un fantasma literario. Soy como esos artistas de segunda que fallecen en el mundo del espectáculo si no están bajo los focos constantemente. Como una vedette de los cabarettes que se toma vacaciones en un teatro de pueblo. El crepúsculo de los dioses en versión escritorzuelo. Me abrazo a los ejemplares de mis novelas y las releo entre sollozos e hipidos. Una nueva/vieja gloria que desaparece hundida en el mar de los escritores. Esa es la imagen que puedo proyectar después de todo. Y, joder, es todo lo contrario.

Unos meses sin sacar novela y ya estoy fuera del mercado. Cierro los perfiles de las redes y no estoy en la pomada. Si no cuento mis logros no los tengo. No sirve de nada escribir en soledad, estudiar y disfrutar de la vida. Profesionalmente estoy porque no exhibo el plumaje, porque "no lo estoy petando" en las redes sociales; porque no hablo de los proyectos y proyectos que se acumulan sobre la mesa, y no rezo a los dioses virtuales que me den más horas del día para poder afrontar todo lo que se me viene encima. Está muy bien estar a tope de power constantemente, como una pulsión o el prurito irremediable del caniche en celo pero yo no puedo más después de seis novelas y mucho tiempo perdido. Un libro en la mesita de noche y tiempo para pensar: eso no cuenta. No es válido. 

Hemos llegado al extremo de la inmediatez. Novelas nuevas cada pocos meses, proyectos brutales cada dos por tres. No se puede echar el freno porque otros te escalan la espalda. Ja. Eso no es ser escritor, ni autor, ni bisoño, ni proyecto de nada. No es posible ser libre sin estar pendiente del ego y de lo que hacen los demás. Después de un tiempo prolongado sin preocuparme de lo que diga el muro de las lamentaciones, las alegrías y las proyecciones, te empiezas a dar cuenta de que se puede currar sin todo eso, que escribir es una pelea personal que no le incumbe a nadie y que el tiempo empleado en debates inanes es tiempo perdido. Siempre.

Mi paz os dejo, mi paz os doy, queridos amigos. Prefiero el deleite de la individualidad del anciano sistema bloguero a la jungla de los mil ojos y las mil lenguas. Mi perfil está abierto por temas editoriales y mis amigos, que los hay y buenos, me tendrán a un mensaje. Para el resto, hasta más ver.


3 comentarios:

  1. Ni más, ni menos. Un abrazote, mostro :-)

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  2. Ni más, ni menos. Un abrazote, mostro :-)

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  3. Como siempre, eres capaz de mostrar la realidad del oficio como pocos.

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