lunes, 6 de junio de 2016

Pozos de ambición





Abres el ordenador con la firme convicción de que te vas a poner a escribir del tirón. No te quieres parar ni en el
correo que no recibe más que notificaciones de spam. Vas a tope. Quieres darle un bocado más a la tarta del éxito literario. Tienes tus libros, tus lectores, tu nombre escrito en la barra de hielo de las redes sociales. Todo depende de ti, de tus tecleos, de tus horas frente a la pantalla juez/jurado/ejecutor del ordenador... ¿Para qué sirve todo esto?

La ambición es un pozo oscuro, un agujero negro eternamente insatisfecho. ¿Se alimenta de ego? ¿De "me gustas"? ¿De reseñas? La ambición es la aguja llena de caballo y el escritor sólo tiene que apretar más la goma alrededor del brazo. Que se note bien la vena. La ambición es un motor potente dentro de un chasis de papel. Una vez que estás montado en el coche y has probado un par de vueltas estás enganchado. Escribes una novela, dos, tres, seis... Y el listón está ahí, pesando más que las ideas o el propio interés por escribir. Una novela al año; proyectos, que te ofrecen. Estar ahí, en la pomada, en las entrevistas. Una más, un poco más. Llenar un currículum que todo el mundo olvida a los tres minutos. Somos muchos y todos somos especiales. Todos tenemos un éxito descomunal y firmamos hasta que se nos agarrotan las manos. Somos la caña. Somos escritores españoles de género. 

La ambición es leer con las gafas empañadas. No sirve si te quieres divertir. Te corroe. Es el Lado Oscuro de la Fuerza. Incluso ante el verdadero éxito la ambición sirve para dejar mal sabor de boca. Es la última pipa rancia que te llevas a la boca sin tener un vaso de agua a mano. Escucho las preguntas: ¿Y ahora qué? ¿Has vendido los derechos de tus libros? ¿Cuándo vas a cambiar de editorial y vas a fichar por una "grande"? Como si importara. Como si mi futuro vital dependiera de todo esto. He escrito y he publicado más de lo que tenía pensado hacer jamás. He llegado más allá de donde quería llegar. Más alto y más rápido de lo soñado. ¿Que qué quiero? Quiero divertirme, escribir cuentos y disfrutar de mis amigos y mi familia. No quiero más.

Seis novelas en menos de tres años es más que suficiente por ahora. Ahora quiero escribir una historia más de Coburn y hacer que el cómic vea la luz. Por mí, porque hay una editorial interesada y porque es la última historia que quiero hacer. Se lo debo a ese cabroncete y se lo debo a un puñado de lectores. Pero no me lo debo a mí. Lo hago por amor al arte. Como siempre ha sido. Salgo del pozo de la ambición sacudiéndome el polvo. Pero salgo.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Siempre viene bien que uno mismo se diga que todo esto es humo en la mayoría de casos.

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  2. Ja ja ja ja (carcajada bronquítica) Has encendido el ordenador... ja ja ja ja ja (carcajada del profesor muerte)... Ya te veo las palabras que te salen por las orejas...

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  3. Muchas veces parece ser más algo a lo que podríamos llamar egoción lo que justifica todo eso... Quizá, pero viene de algo que fue tan legítimo como es el placer de escribir.

    Suerte!

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    1. La ilusión por contar historias es siempre legítima.

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    2. La ilusión por contar historias es siempre legítima.

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