miércoles, 8 de junio de 2016

La mirada de los mil metros







Escritores noveles, futuribles, bisoños, empujados por el ímpetu incombustible del entusiasmo. ¡La pasión! Empezáis a escribir con la idea en mente de no ser uno de tantos que esconde sus historias en una carpeta del ordenador; tan escondida que es más fácil de encontrar que el historial de navegación que habéis borrado. No. No hay dolor. Esto es como uno de esos cursos de superación personal. ¡Sal de tu zona de confort! ¡Dale caña!

Estás motivado al cien por cien. Tienes una historia y la vas a contar. El infinito es el techo y todo eso. Hasta que te encuentras con el escritor de la mirada de los mil metros, o como se pondría en plan molón: El Escritor de la Mirada de los Mil Metros. 

El escritor de la mirada de los mil metros es fácil de encontrar y fácil de reconocer. Está en las redes sociales, en los blogs, en los cursos de escritura, en persona... Abundan. ¿Y qué es un escritor con la mirada de los mil metros? Es el que (supuestamente) lo ha visto todo, el que está de vuelta, el resabiado, el que se ha comido mucha mierda. Lo que llamaríamos un hater ahora o simplemente un "amargao". Porque sí, amigos, la escritura promete grandes cucharadas repletas de amargura. Y el escritor de la mirada de los mil metros siempre tiene un plato enorme y de fondo insondable que quiere compartir contigo.

Si le cuentas tus proyectos te dirá que publicar está muy difícil y que es imposible conseguirlo sin un padrino. Después te narrará su batalla contra los elementos y cómo lo hizo sólo, cual Leónidas, el último espartano. "Pero ese es un caso excepcional", te dirá. "Algo propio de gente de calidad. Tú no lo conseguirás."

Si le cuentas que acabas de firmar un contrato se rascará el mentón y la ya famosa mirada se encenderá como alumbrada por un foco. Entonces, te dirá que esa editorial es modestita, que no tiene promoción y que ha vendido tu alma por una miseria. Te contará cómo estuvo a punto de petarlo pero que apareció la "mano negra" y todo se fue al garete. Atención: el término "mano negra" va unido al autor de este tipo. La mano negra es importante para él. Es casi una figura entrañable.

Si le dices que eres feliz simplemente escribiendo chasqueará la lengua y te observara como se hace con un niño pequeño que ve Bob Esponja con expresión ausente.  Asentirá y posiblemente te coja del hombro. "Eso está bien, tío. Eso está bien." El escritor de la mirada de los mil metros será feliz porque hay uno menos para chupar de la teta seca del mundo editorial. 

A lo mejor nunca lo habéis conocido o nunca os cruzáis con alguien así. Bien. Enhorabuena. Pero están ahí, agazapados en los teclados o tras un vaso de cerveza. Siempre hay uno. Y si no hay uno, posiblemente tú seas el escritor de la mirada de los mil metros. Tal vez yo lo sea después de todo.



5 comentarios:

  1. Buenísimo... De escritores de "mirada de mil metros" me sé unos cuántos...

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  2. Son los que son. Y son un coñazo que parecen disfrutar con el desánimo ajeno.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Los hay, y no sólo en modo escritor. Se pueden encontrar en todos los jardines: envidiosos y condescendientes a partes iguales.

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  5. Me temo que ud anda muy lejos de esa mirada (y que siga así xD)

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