jueves, 19 de mayo de 2016

El primer personaje




Un amigo me dijo una vez que el primer personaje que tenía que construir un escritor era él mismo. Y después de un tiempo y con algunos años en esto pienso lo mismo. Desde tiempos del Café Gijón los escritores se han disfrazado con los ropajes que mejor han sabido vestir. No tenemos que quedarnos en esta era de selfies y proyección en las redes: Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán, Lorca, Christie, Darío, Bécquer... Todos son una imagen exportada más allá del tiempo. Imágenes, poses, frases y aforismos que se asocian a sus autores y que han trascendido a lo largo de los años.

Y ocurre que queramos o no nos vamos rodeando de un halo, de una manera de expresarnos que nos acompaña en nuestro camino profesional. Incluso el estilo sin estilo es un estilo en sí. El autor desaparecido, el que no aparece en las solapas de sus libros ni en las redes sociales tiene su propia imagen: la del fantasma, la del autor maldito. Y si nos exponemos en las redes sociales la cosa se puede hacer incontrolable. 

Facebook, twitter, páginas web, saraos en persona... exposición continua. Nuestro mensaje termina calando entre post, twitts, audios en podcast o cosas como ésta. El escritor enrollado, el malhumorado, el reivindicativo, el que no se quiere juntar con nadie, el que apoya a todos los colegas, el que vive con la pistola debajo de la almohada, el que revanchista y el olvidado. Quejas en las redes, frases más o menos afortunadas, odios y bendiciones; fotos simpáticas o perfiles en blanco y negro que dan más miedo que interés.

Un trabajo que va más allá del acto de escribir. Es más, se podría decir que esta curro de exposición nos (me) roba tiempo de lo verdaderamente importante. ¿Pesa más la auto promoción o un rato de escritura? ¿Cunde este curro de contactos y simpatías? ¿Hace que vendamos más? Yo no sería conocido o no tendría novelas en el mercado sin haberme dado a conocer en las redes. Lo tengo claro. Quien sale en la foto es el que se lleva el tesoro. Sin socializar todo es más difícil por talento que tengas o por empeño que le pongas. El caso es hacerlo con honradez y sin amargamientos. Conozco caso en los que el escritor me producía tal rechazo en las redes sociales que opté por no comprar nada suyo. ¿Es justo? No lo sé. Lo único que sé es que su primer personaje, él mismo, no me gustó nada.