lunes, 18 de abril de 2016

Más nombres que Satán






Atención que largo un post coñazo/egomaníaco. 

Más nombres que Satán. Me hizo gracia la frase que usó alguien después de conocerse que he usado un pseudónimo más en dos novelas: las novelizaciones de las películas “La noche de los muertos vivientes” y “Noche silenciosa, noche sangrienta”, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books.

Pero, ¿qué sentido tiene usar pseudónimo? Ya lo hice con “El hombre spam” con el sosias Talbot Torrance; una novela de ciencia ficción que se rozó en fecha de lanzamiento con “Laguna Negra”. Dos novelas de un autor novel con menos de dos meses de diferencia, mucha tela en un mundo editorial más que saturado. Lo que era una maniobra comercial también significó un juego de identidades que cuadraba con el género de la novela y cierto distanciamiento respecto a su recorrido.

Con las novelizaciones cinematográficas había matices diferentes relacionados con mi producción literaria y con el target y objetivos de esta serie de novelas.  La línea de novelizaciones de Tyrannosaurus surgió por un interés de llevar a papel clásicos (conocidos o de culto) del género de terror con derechos disponibles para hacerlo.  Novelas en formato bolsillo americano, de tapa blanda. Manejables y con una extensión no superior a las ciento cincuenta páginas. Un formato chulo, con un diseño llamativo: algo impactante y que recordara esas lecturas de verano de consumo fácil. La idea es poderosa y el público parece que responde a la llamada gracias a un precio económico e historias llamativas.


Mi llegada a esta línea editorial fue a través de Marc Gras. Me ofreció la oportunidad de adaptar estas historias dado que mi forma de escribir podría casar con el formato breve y ligado a una narración visual. En aquella época estaba tenía “Laguna Negra” y “El hombre spam” recién publicadas y “La noche de los muertos vivientes” se editaría en ebook a los pocos meses. ¿Otro libro en menos de seis meses? Mejor un pseudónimo. Un nombre anglosajón que pegaba más que el mío para una adaptación de la obra seminal del género zombi en el cine.





Y así nació Declan Sinnot . Autor bestseller de novelizaciones. Un experto en novelettes totalmente desconocido. Un nombre en una portada. Uno más entre tantos y tantos autores que inundan las estanterías de las librerías.  Yo dejé en paz a Declan cuando la novela salió a la luz en ebook y un año después de papel. Allá él, allá el libro. Miraba de reojo sus resultados y sus reseñas porque un hijo, por bastardo que sea, no deja de quererse. Escribí “La noche de los muertos vivientes” en apenas dos meses, llevado por el interés por mejorar mi estilo y con respeto hacia una obra que es un clásico.  Y estoy orgulloso de estas cien páginas en blanco y negro.

Un año más tarde, justo después de acabar la escritura de Coburn, tuve un hueco para hacer “Noche silenciosa, noche sangrienta”.  Volvía Declan al mercado por coherencia con la colección y para no desvelar una broma de la que yo disfrutaba mucho. Un alter ego libre y artesano, con un referente marcado, y la sensación de ser un mercenario literario, un “negro” de mí mismo. Trabajar con una fecha concreta; una deadline fijada.

Seis novelas, la sexta verá la luz dentro de muy poco, tres a mi nombre y tres con dos pseudónimos diferentes.  El frenesí de la publicación se ha apaciguado y sólo me queda el interés por las historias y el estilo. Da igual el nombre cuando hay oportunidades de que lo que hago vea la luz; da igual el ego cuando nadie se acuerde de mis obras, cuando no pase a la posteridad, cuando esto se hace por diversión.

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